Alzhéimer, Párkinson o ictus: trastornos neurológicos desencadenados por malos hábitos de sueño

Alzhéimer, Párkinson o ictus: trastornos neurológicos desencadenados por malos hábitos de sueño
2020/10/26

La llegada del verano y, por consiguiente, de las altas temperaturas, hace que conciliar el sueño se convierta muchas veces en un verdadero reto. La realidad es que dormir bien es esencial para todos a la hora de afrontar el día a día, ya que un sueño reparador puede solucionar muchos de nuestros problemas, así como evitar que surjan complicaciones en nuestra salud. Y es que el ‘mal sueño’ es cada vez más considerado un desencadenante o factor de riesgo para la aparición de trastornos neurológicos como el ictus, la demencia, el Párkinson y diversas enfermedades neuromusculares, entre otros (1).

Además del potencial desarrollo de estas patologías, se asocian a la falta de sueño déficits cognitivos, que terminan derivando en trastornos como el Alzhéimer (2), obesidad e hipertensión (3). Asimismo, con independencia de la aparición temprana de estas enfermedades, la falta de sueño afecta notablemente a los pacientes ya diagnosticados con patologías neurológicas, constituyendo un factor cronificante de la migraña o de incremento de la fatiga en personas con Esclerosis Múltiple (EM), por ejemplo (3). Por todo ello, los expertos coinciden en que no dormir adecuadamente es un verdadero problema de salud.
 

“Trastornos como la demencia pueden ‘despertarse’ por una mala calidad del sueño”

Solo en España, más de 4 millones de personas sufren algún trastorno del sueño de carácter crónico y grave y, aunque existen más de un centenar diferentes, el insomnio es el más común, con una prevalencia que oscila entre el 20 y el 30% de la población (1). Le sigue el síndrome de las piernas inquietas, caracterizado por sensaciones molestas en las extremidades durante las horas de relajación (5%), y el síndrome de apnea del sueño, una perturbación del descanso en la que la respiración se interrumpe o se realiza de manera muy superficial (4-5%) (1)

Según los datos, invertimos un tercio de nuestras vidas en dormir y, sin embargo, la sociedad no está concienciada suficientemente sobre la importancia de preservar el ‘buen sueño’ y los riesgos que supone no hacerlo. En esta línea, al menos un 5% de los pacientes con dificultades para dormir se automedica a diario y dos tercios de las personas con trastornos del sueño no acuden a un especialista para remediar el problema (1)
 

“El ‘mal sueño’ es un problema de salud que padecen más de 4 millones de personas en España”

Dormir mal afecta a nuestra salud física y mental y, por ello, es imprescindible alcanzar una higiene del sueño óptima que nos garantice la mejor calidad de vida global posible, paralizando el potencial desarrollo de enfermedades neurológicas crónicas que la marcarían para siempre. Una de las claves para lograr un sueño reparador es apoyarse en un entorno favorable, teniendo en cuenta los siguientes aspectos (4):

  • Prescindir de la exposición lumínica: la luz artificial antes y durante el sueño puede provocar problemas de salud y causar un descanso más superficial e inestable. 
  • Evitar ruidos nocturnos: la contaminación acústica produce peor calidad de la percepción del sueño, cansancio y mal humor.
  • Regular la temperatura ambiental: las temperaturas extremas alteran el mecanismo de redistribución del calor de nuestro cuerpo, perturbando nuestro sueño y provocando que nos despertemos durante la fase de pleno descanso. 
  • Escoger elementos adecuados para dormir: escoger un colchón, una almohada y una ropa de cama convenientes es esencial para favorecer el sueño. 
  • Mantener el orden y la coherencia del entorno: el desorden produce estrés y dificulta el sueño. Debemos eliminar todas las distracciones de la habitación para conseguir un descanso óptimo.
  • Apagar los dispositivos electrónicos: las radiaciones electromagnéticas emitidas por móviles u otros aparatos pueden contribuir a la pérdida de descanso. 

Además de seguir estas recomendaciones, es esencial descansar un número determinado de horas para garantizar una higiene del sueño correcta, variando en función de la etapa de la vida en la que se encuentre cada persona. Los adultos, por ejemplo, deben dormir entre 7 y 9 horas diarias para evitar algunos efectos propios del insomnio. Por otro lado, a los más pequeños se les recomienda dormir entre 9 y 17 horas diarias, dependiendo de la etapa de la infancia en la que se encuentren. 
 

 

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Referencias:

  1. (2019). Más de 4 millones de españoles sufren algún trastorno del sueño crónico y grave. Sociedad Española de Neurología (SEN). http://www.sen.es/saladeprensa/pdf/Link263.pdf
  2. (2020). La mala calidad del sueño despierta al alzhéimer. Fundación Pascual Maragall. https://elpais.com/elpais/2020/01/08/ciencia/1578488618_999025.html
  3. (2020). Los neurólogos alertan: dormir menos de 6h aumenta el riesgo de mortalidad. Sociedad Española de Neurología (SEN). https://www.redaccionmedica.com/secciones/neurologia/los-neurologos-alertan-dormir-menos-de-6h-aumenta-el-riesgo-de-mortalidad-5608
  4. (2016). Sueño saludable: evidencias y guías de actuación. Sociedad Española de Sueño (SES). https://ses.org.es/docs/rev-neurologia2016.pdf

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